Con la revolución industrial, comenzó una serie de transformaciones en las operaciones fabriles que trajo como consecuencia una mayor productividad y eficiencia en la elaboración de productos que requerían una rápida movilización resolviéndose con la aplicación de maquinas de vapor a los medios de transporte terrestres y marítimos.
Algunos de los avances de la época:
· La primera locomotora de vapor fue construida en 1814 por Stephenson. Utilizando el acero para su construcción y el vapor para moverla, aumentó la capacidad de carga de los transportes.
· Los ferrocarriles aparecieron en el año 1823, y fue el propio Stephenson quien construyó la primera línea ferroviaria en Inglaterra.
· La transformación de los medios de transporte provocó la movilidad de la población, ya que se abarataron los costes tanto de los objetos como de las mercaderías.
· El hombre se pudo desplazar con suma facilidad hacia los centros de trabajo, donde podía emplearse en la industria, el comercio o el sector servicios, produciéndose así cambios en la distribución de la población mundial, que ya se habían gestado al establecerse las industrias, porque estas tienden a concentrar a un gran número de trabajadores alrededor del centro fabril. Durante el s. XIX, muchas personas abandonaron el medio rural y se fueron a las ciudades en busca de mejorar su nivel de vida con un ingreso salarial digno y permanente, que el campo no les podía asegurar.
El auge industrial desplazó a los talleres artesanales y manufactureros que no pudieron resistir el embate de las grandes fábricas, cuya producción en serie abarataba costos, llevando a la ruina a numerosas familias, motivándolas a emigrar a las ciudades y poner su fuerza de trabajo al servicio de las fábricas de industrias. Fue cuando muchos artesanos y campesinos dejaron sus anteriores trabajos y se convirtieron en obreros.
El surgimiento de la industria trajo consigo la aparición de nuevos productos que antes el hombre no conocía ni consumía, los cuales se abarataron de tal manera que cualquier persona podía adquirirlos, por ejemplo, el azúcar, arenas de trigo, la mermelada, pastas para sopas, miel, dulces de chocolate, fritura…
Además se fabricaron muchos objetos para uso diario en la cocina como cuchillos, vasos y copas de cristal, estufas… así como las prendas de vestir. Además gente del pueblo pudo adquirir ropa de algodón por un precio accesible, ya que era más barato comprar ropa a las fábricas que hacerla en la propia casa.
Todas estas circunstancias favorecieron el cambio de mentalidad entre la población e influyeron en su modo de vida.
Hacia finales del s. XIX, el progreso industrial y tecnológico llegó a la producción en serie. Esta forma de producción, consistía en simplificar el trabajo mediante cadenas de producción en las que cada trabajador ejecutaba únicamente un paso de dicho procedimiento.
La producción en serie fue diseñada por un ingeniero estadounidense llamado Frederick Taylor, que ayudó optimizar el trabajo de los obreros y el uso de las maquinas para obtener el máximo rendimiento.
Las ideas de Taylor fueron retomadas por el empresario Henry Ford, quien las aplicó con gran éxito en su industria de automóviles.
La revolución industrial dio lugar a un desarrollo extraordinario en los transportes, como la distribución masiva permitió abaratar sus costos y abrir nuevos mercados en regiones alejadas.
El barco de vapor fue uno de los medios de transporte que experimentó grandes avances en el s. XIX. Hacia mediados del siglo, los grandes barcos de acero movidos por turbinas crearon la necesidad de construir grandes obras de infraestructura que simplificaran su desplazamiento y al acortar las distancias, agilizar en el transporte de mercancías y personas. Así, el canal de Suez y el canal de Panamá.
La cuna del automóvil, como ahora lo conocemos, fue Alemania.
Al final de la década de 1880, Gottlieb Wilhelm Daimler y Carl Benz, inventaron ese nuevo medio de transporte, que revolucionó en el s. XX las industrias para construir carreteras y la del caucho para fabricar neumáticos.
En 1903, los hermanos Rait hicieron volar satisfactoriamente el primer aeroplano.
Las telecomunicaciones también progresaron notablemente en la segunda mitad del s. XIX. El telégrafo, inventado en la primera mitad del siglo, permitió la comunicación a distancia. Más tarde, en 1876, el estadounidense A. Graham, inventó el primer teléfono y un año después, el descubrimiento de las ondas electromagnéticas dio origen a la transmisión por radio.
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